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domingo, febrero 19, 2006

La catedral de Córdoba

El animador de la Alianza de Civilizaciones, el talantoso que no talentoso, el feminista declarado, Rodríguez, recibió la semana pasada en la Moncloa a los representantes del mundo islámico. Al feminista se le olvidó pedir, ya no la igualdad, sólo el respeto a la mujer. ¡Eso para otro día!
fotos.miarroba.com


Como él se calló, era lo previsible, los moros le pidieron la apertura al culto islámico de la catedral mezquita de Córdoba.
Si eres homosexual, titiritero, separatista, terrorista, antiespañol o anticatólico, a este gran estadista le puedes pedir la luna. Tarde o temprano te la concede aunque no sea suya. Es la táctica de los Rovireches, Ibarreches y Oteguis. ¿Qué más da de quien sea lo que pides? Con el talante agriado, el falso respeto y la sonrisa hipócrita te regala “lo que sea” para conseguir “como sea” mantenerse en la poltrona.

Aprovechándose de la solemne empanada mental del Solemne, le han puesto el señuelo de la Alianza de Civilizaciones. Suficiente para que Rodríguez acepte de buen grado la proposición.

El desgobernante debería empezar por pedir que en los países árabes se permita la construcción de iglesias, que digo, sería suficiente con que no se persiguiese a los cristianos. La contrapartida la pone el ayuntamiento socialista de Sevilla, que ha cedido unos terrenos para la construcción de la mayor mezquita de Europa. La iglesia católica y otras confesiones religiosas tienen que comprar los terrenos, a los moros se los regalamos. ¿Talante? No. Somos gilipollas.

Me permito recordar muy sucintamente la historia del templo cordobés que los moros pretenden apropiarse por la jeta. La titularidad de la catedral corresponde al arzobispado.

Primero, los romanos construyeron un templo pagano en el lugar. Tras la caída del Imperio Romano, los Visigodos lo reemplazaron por la Iglesia cristiana de San Vicente. Cuando los árabes conquistaron la Península Ibérica a principios del siglo VIII, demolieron la Iglesia y comenzaron a construir la que sería la mezquita más grande de todo el imperio musulmán después de la de la Casba, en Arabia.

Si los benimerines no hubieran sido derrotados por Alfonso XI en la Batalla del Salado, hubieran hecho en la Mezquita de Córdoba lo mismo que hicieron los bereberes norteafricanos en el siglo XI cuando destruyeron Medinat-al Zahara.

Cuando los cristianos reconquistaron Córdoba en 1236, hicieron con la Mezquita lo mismo que habían hecho en otros lugares de Andalucía previamente conquistados: en vez de destruirla para construir una Iglesia nueva, simplemente reconvirtieron el edificio a la religión cristiana y construyeron un altar en el centro.
La diferencia entre los cristianos y los moros era que mientras la morería siempre destruía los templos, los cristianos, casi siempre, remodelaban. Es la razón por la que hoy seguimos disfrutándolos.

La característica principal de la Mezquita es el bosque de columnas arqueadas que soportan al techo. Provenían originalmente de la antigua Iglesia visigoda de San Vicente, además de casas romanas y visigodas de la ciudad. Cuando los árabes acabaron con todas las existencias, comenzaron a fabricar las suyas propias.

Cómo joden estos fanáticos, que siguen quemando banderas occidentales y amenazándonos con la muerte.
Mientras, Solemnes como Rodríguez les bailan el agua y se deshacen en parabienes.
En la prensa de los países árabes es práctica habitual la publicación de chistes mostrando a judíos con rostros malévolos y barbas largas. Sin embargo, ellos se creen con el derecho a hacer todo bajo el grito de ala es grande. ¿Hasta cuándo las naciones civilizadas van a seguir temblando ante estos idiotas?
¿Cuándo se van a poner los pantalones?